viernes, 18 de julio de 2008

Paseo

Baldosa si, baldosa no. Pateo una rama. Esquivo una laja floja. Baldosa si, baldosa no.

Los oídos enjabonados en una melodía de indie rock y el mundo entero que registra su paso al son de un tango medio amargo de mediodía húmedo y pegajoso, con sus grises y sus blancos echándome el ojo.


El paso atragantado no me deja reparar en toda la angustia citadina que me reprocha un caniche producido al límite de la exageración. Tampoco en las extremidades venosas de su pareja, que contradictoriamente, lo trata como a un perro. Lo grita. Lo zamarrea. Escasea libertad en esas patas y en esas manos. Escasea el deseo por lo desconocido en todas las formas de vida que me saludan al pasar.


De a ratos, su palidez echa por tierra mis deseos, los consume, los fuma en una pitada feroz. Esos deseos que supieron ser portentosos, salvajes y juveniles. Pasé una vida peleando para que estas baldosas no delinquieran con mi reflejo, y resulta ser mi piel, hoy, un manojo de mezcla y canto, mis ojos hojas secas, y mis pensamientos algas que respiran y nadan en el smog turbio del transporte público.


Sin embargo y socavando la naturaleza del ambiente, hay árboles, hay yuyos entre los canteros mugrosos de vidrios rotos y desperdicios, hay palomas cerca del montón de migas de pan, hay hombres detrás de esos hombres y estás vos, detrás de esa cortina de polvo de construcción. Estás vos que apareciste, impávida, solemne, clamor en la angustia y la desazón, con andar de vago recuerdo de la realidad. Con tu cabello de recién pulido y tus dos piernas perfectas que atrapan instantáneamente mi andar en una actitud poco menos que hipnotizadora.


Tu vida parece rondar en un círculo de perfección. Tu realidad es el contraste perfecto con mi exterior. Es allí donde convergen mis fantasías más presuntuosas, mis recuerdos más entrañables, y mis deseos más voraces.

Rápidamente me embarco en la idea de pertenecer a tu círculo. Funcionas como un aura de anacronismo diurno, donde todos los planes son perfectos y la celestial idea del bochorno es cosa de todos los días.


Ahí vas, con tu pelo, tus piernas y tu círculo. Lejos de mí. No tan lejos. Serán unos pasos nomás. Mi fantasía te alcanzaría en un abrir y cerrar de ojos. Un poco menos lejos. Y ya te tengo. Ya puedo oler la fragancia del shampoo que traes. Ya puedo degustar la colonia que usas. Puedo ver, a través de tu nuca, lo que tus ojos miran. Y por sobre todo, ya puedo sentirme dentro de tu círculo.


Voy hacia delante como quien respira. Me detengo en una esquina, como quien huele. Sigo la coreografía perfecta de tu vida porque ya soy parte de ti. Y tú, ni retraes tu atención prodigiosamente distraída para hacer hincapié en mí. Sólo te excita sacar un cigarrillo de tu bolsa, introducir a un extraño en tu vida, pedirle fuego, expulsarlo como basura, y seguir con tu vida, que no es mía, pero que es parte de mí. Mejor dicho, yo soy parte de ti.


Siento comezón en lo bajo de mi espalda y veo como te rascas impacientemente, sustituyendo la tragedia de tu cigarro con el arte de tus manos danzando sobre tu cintura.


Santo Dios. ¡Qué imprudencia de mi parte! No reparar en la hermosura de tu cintura. Que bella. Que bella es tu cintura. Que bella es cuando la desnudas por fuera de ese saco de corderoy que tanto bien te hace. Y que delicadas que son tus manos. Que suaves deben de ser. Y con que pasión han de acariciarme. Con que dulzura he de abrazar tu cintura y habrás de sujetarme por la espalda, sosteniéndote sobre la punta de tus zapatillas ajustadas, inundándome y ahogándome con el aroma de tu cabello, dejándome que respire sobre tu cuello y que derrame algunas lágrimas allí, justo cuando piense que te marcharás.


Voy a tu lado. Me miras y te miro. Te deseo y me deseas. Puede que en la impaciencia nos odiemos, y que en la presencia no digamos basta hasta no sentir desaparecer el temblor de nuestros cuerpos, no hasta ver derramar gotas de impotencia por no poder dejar de sentir.


De nuevo veo a través de tu nuca, en esa, tu presencia de cercana distancia. Y sí, en verdad te noto distante. ¿Qué ha de ser ese ruido tan molesto? Escucho ladridos, me duelen las manos y siento puntadas en el pecho. Ya no es como antes. La inoportuna prisa de tus pasos ya no me ordena. Escucho el crujir de mis dientes como mascando arena. Trato de alcanzarte y tropiezo. Levanto la vista, y ya no estás. Te desapareces como con impaciencia. Como en ganas de verme gritar. Y grito. Y grito más. Y todos me miran. Sólo los perros me ignoran. ¿Será que no entienden de mi furiosa nostalgia? ¿De mi odio? Y corro. Y corro más fuerte. Y cruzo la calle. Esquivo los autos y sus bocinazos. Y concluyo al otro lado, con un jadeo de pobre atleta. Miro y no, ya no estás. Mi desesperación no quieren confirmarlo y mira nuevamente. Y no te encuentra. Y no te encuentro. Y en verdad te desapareces cuando te desapareces. Y grito. Y me miran. Y los perros vuelven a ignorarme, pero ya con pena. Puedo oler su pena por mí. Y lentamente, me hago rastro en la acera humedecida por el rocío y el frío de las baldosas se apodera progresivamente de este cuerpo inútil. De mis manos. De mi brazo, de mi rostro. De mí. Y lloro. Y lloraré hasta olvidar. Y no olvidaré. Y no olvidaré nunca...

3 comentarios:

Peperina dijo...

Qué profundo..y descriptivo.. No sé cómo se me ocurrió entrar.. bueno en ralidad sí sé, leyendo unos mails pasados encontré el link y veo que no has escrito mucho desde la última vez que entré..sólo esto del mes de julio..
Me gustan los cuentos. Ojalá puedas alcanzar a la chica del saco de corderoy y cigarillo.
Un beso..para no olvidar nunca

be dijo...

be
me gusto esa historia...es triste y tamb creo q es profunda, q dice mucho....
esta frase me gusto "...tu realidad es el contraste perfecto con mi interior.."
beso

Anónimo dijo...

be
me gusto esa historia...es triste y tamb creo q es profunda, q dice mucho....
esta frase me gusto "...tu realidad es el contraste perfecto con mi interior.."
beso